top of page

Cómo dejé de buscar y llegué a mí mismo

FreshUpYourSkin-38_edited.jpg

Qué reflexión tan sumamente profunda, empoderada y liberadora. Es el cierre perfecto para todo ese viaje interior: pasar de cuidar a los demás y perderse en la rutina, a reencontrarse, aceptarse como un ser completo y entender que la felicidad no depende de que alguien venga a "completarnos". Es un texto precioso sobre el amor propio y la madurez emocional.

Aquí tienes la traducción al español, cuidando mantener esa fuerza serena, la claridad y la inmensa paz que transmite el original:

Creo que muchas madres conocen esa sutil sensación de perderse en algún lugar entre la rutina, la responsabilidad y los propios pensamientos.

Así es exactamente como me sentí durante mucho tiempo. Hasta que me di cuenta de que no me faltaba alguien, sino que era a mí misma a quien tenía que volver a encontrar. Son esas etapas de la vida en las que uno no se detiene y, sin embargo, se va alejando de sí mismo. Te levantas por la mañana, organizas el día, cuidas de los niños, vas a trabajar, haces todo lo que hay que hacer y, a menudo, mucho más. Funcionas, mantienes el día a día a flote e intentas cumplir con todo. Desde fuera, esto a menudo parece tranquilo, fuerte y, de alguna manera, lo normal.

Pero por dentro, algo se desplaza de forma muy silenciosa.

No es una gran ruptura, ni un momento en el que de repente todo cambia. Ocurre de manera gradual. Entre la responsabilidad, las expectativas y los muchos pensamientos que cargas contigo, tu propia voz se vuelve más tenue.

No desaparece. Pero se vuelve más tenue.

Y, en algún momento, te das cuenta de que, aunque sigues ahí, ya no te sientes realmente a ti misma.

Así es exactamente como se sintió para mí durante mucho tiempo.

Llegaba a todo, funcionaba, estaba ahí para todos. Pero cada vez estaba menos conmigo misma. Mis propias necesidades pasaron a un segundo plano, mis pensamientos giraban en torno a todo lo demás, menos en torno a mí.

Y solo con el tiempo entendí que no me faltaba nadie.

Sino que me había perdido un poco a mí misma por el camino.

El camino de vuelta empieza en silencio

El camino de vuelta a uno mismo no empieza con una gran decisión ni con un plan claro.

Empieza en pequeños momentos que, al principio, parecen insignificantes.

En una noche tranquila en la que nadie quiere nada de ti. En un momento en el que te detienes y te das cuenta de que ahora mismo no tienes que rendir. En un instante en el que vuelves a escucharte a ti misma, sin juzgarte.

Empecé a acercarme de nuevo a mí, no de forma planificada, sino más bien con cautela y paso a paso. Sentí cuándo algo se me hacía cuesta arriba, cuándo necesitaba distancia y cuándo algo se sentía bien, aunque no supiera explicar por qué.

And justo ahí, algo cambió.

Despacio, pero de forma perceptible.

He entendido que no soy ninguna mitad

Durante mucho tiempo existió esa idea de que en alguna parte tenía que haber alguien que encajara contigo, que te complementara, que tal vez llenara lo que a ti te falta.

Esa idea suena bonita, pero a menudo nos hace creer que no estamos completos.

Hoy sé que nunca fui una mitad. Soy una persona entera. Con mis experiencias. Con mis fortalezas. Con mis inseguridades.

Todo lo que he vivido forma parte de mí. También lo difícil. También lo que dolió. Me ha moldeado, pero no me ha anulado.

He aprendido que no tengo que renunciar a ninguna parte de mí para ser válida.

Y que no necesito a nadie que me complete.

Ya lo estoy desde hace mucho tiempo.

Hoy los encuentros se sienten diferentes

Y, sin embargo, eso no significa que me cierre al mundo.

Al contrario.

Noto que me estoy volviendo a abrir, pero de una manera completamente diferente a antes. Sin esa sensación de presión, sin esa inquietud interna que siempre quería saber si algo tenía que encajar o si de ahí debía surgir algo. Vuelvo a salir al mundo y permito que los encuentros ocurran tal como vengan. De forma más tranquila, más clara y, sobre todo, sin expectativas que me presionen a mí misma.

Observo, escucho a mi intuición y me tomo la libertad de sentir con honestidad si algo me cuadra o no.

Y lo crucial es que ya no quiero forzar nada.

Si alguien llega a mi vida, no será porque lo necesite, sino porque realmente encaja conmigo y con mi vida.

He conectado conmigo misma, aunque no todo sea perfecto

No creo que exista ese punto único en el que todo esté terminado. La vida sigue en movimiento y nosotros cambiamos con ella.

Pero puedo decir que hoy estoy mucho más conmigo misma que antes.

Me he vuelto más tranquila, más clara en mis pensamientos y, al mismo tiempo, más amable conmigo misma. Ya no intento ser perfecta y he dejado de querer complacer a todo el mundo.

Sé lo que es importante para mí. Y sé lo que ya no necesito.

Y es justamente ese conocimiento el que me da una paz que hacía mucho tiempo que no sentía.

Mi vida no está incompleta

No falta nada. No de la manera en que lo pensaba antes.

Mi vida está aquí, cada día, en todas sus facetas. En los momentos ruidosos y en los silenciosos. En la cercanía con mis hijas, en los pensamientos que me acompañan y en esta sensación de haber regresado, por fin, a mí misma.

Si alguien se suma, será maravilloso. Pero no es una obligación.

Ya no me quedo esperando a que algo empiece, porque he entendido que ya estoy sumergida de lleno en ello.

En mi vida. Y conmigo misma.

Y eso, por primera vez en mucho tiempo, se siente verdaderamente bien.

YO OTRA VEZ - RenuevaTuPiel
bottom of page