
FreshUpYourSkin
Dana Dylla - Socio oficial de RINGANA - Seguro. Fresco. Directo.
La palabra con el "solo"
Hay palabras que se sienten como una chaqueta demasiado ajustada. Te las pones porque es el término oficial, pero durante todo el tiempo te sientes incómoda con ellas. Para mí, "madre soltera" es una de esas palabras.
Cuando buscas su significado o lees artículos sobre el tema, casi siempre encuentras una visión muy extrema. O te presentan como una heroína digna de admiración que puede con todo sin fallar nunca, o como un problema reflejado en alguna estadística.
Pero la vida real no cabe en esas etiquetas.
Mi vida no es blanca o negra. Muchas veces simplemente está llena hasta el borde. Y hay noches en las que, después de un día largo, me siento en la cocina, miro la mesa todavía sin recoger y me pregunto si las demás lo hacen mejor. Si tendrán alguna fórmula secreta para compaginar un trabajo al que quieres dedicarte al cien por cien con las emociones de dos adolescentes que, precisamente cuando ya no te quedan fuerzas, más te necesitan.
Hace unos días volví a tener uno de esos momentos. Me senté y escribí lo que muchas veces ronda mi cabeza cuando, por la noche, se cierra la puerta de casa.
Madre soltera.
La verdad es que no me gusta demasiado esa expresión.
Suena a tener que ser fuerte. A poder con todo sola. A una mujer que siempre sabe exactamente lo que hace.
Pero mi realidad suele ser muy distinta.
Está hecha de un trabajo a tiempo completo, dos adolescentes, montañas de ropa por lavar, trayectos de un lado para otro y la eterna pregunta de qué vamos a cenar hoy.
Hay días en los que consigo organizarlo todo. Y otros en los que, al llegar la noche, solo quiero dejarme caer en el sofá y no estar disponible para nadie.
Ser madre soltera no significa, para mí, poder hacerlo todo sola.
Significa asumir responsabilidades. Tomar decisiones. Seguir adelante incluso cuando el cansancio pesa.
Pero también significa formar parte de un pequeño equipo.
Nosotras tres contra el mundo. Con muchísimas risas, algo de caos y un sinfín de recuerdos compartidos.
Y cuando miro hoy a mis dos hijas, lo tengo claro: No he hecho todo de manera perfecta.
Pero juntas hemos encontrado un camino realmente bonito.
Lo que la palabra "sola" no cuenta
Lo que más me molesta de esta expresión es que deja fuera lo más importante: a los hijos.
Da la impresión de que una mujer carga sola con todo, como si subiera una montaña sin compañía. Pero los adolescentes ya no son simples pasajeros. Perciben perfectamente el ambiente en casa. Se dan cuenta cuando las fuerzas empiezan a faltar.
Y lo más bonito es que empiezan a sostener ese espacio contigo.
Ser un equipo no significa que los hijos tengan que asumir responsabilidades de adultos. Significa que nace una dinámica muy especial y muy sutil. Son esos abrazos espontáneos en la cocina, las risas compartidas cuando la cena no sale como esperabas o esos momentos en los que simplemente estamos sentadas juntas en el sofá, en silencio, porque todas hemos tenido un día largo.
Es cierto que asumir la responsabilidad puede ser solitario. Al final, las grandes decisiones las tomo yo. Pero la vida cotidiana la compartimos. A nuestra manera.
No necesitamos ser perfectas para ofrecer a nuestros hijos un buen hogar. Quizá sea mucho más valioso que vean que una también puede estar cansada, cometer errores y, aun así, seguir adelante unidas. Encontrar un camino que quizá no aparezca en ningún manual, pero que para nosotras es exactamente el correcto.
Creo que todas deberíamos darnos un poco más de espacio para esos días imperfectos.
¿Y tú? ¿Cómo miras tu día a día? ¿Sigues intentando interpretar el papel de la "mujer fuerte" o también te permites, de vez en cuando, una tarde de sofá y un poco de caos absoluto?

