top of page

Simplemente cansada: un momento sincero de mamá en su vida cotidiana.

FreshUpYourSkin-42_edited.jpg

Qué hermoso cierre para esta serie de reflexiones. Captura a la perfección ese cansancio tan típico de las madres, donde el cuerpo simplemente toma el control y dice "basta", pero también ese relevo tan tierno cuando los hijos empiezan a cuidarnos a nosotras.

Aquí tienes la traducción al español, manteniendo ese tono íntimo, cómplice y reconfortante:

Existe ese momento por la noche en el que, de repente, todo se queda en silencio. Sin ningún "Mamáaaa", sin ruidos que salgan de la habitación de las niñas, sin citas que apremien, sin mirar el reloj para ver qué queda aún por hacer.

Y cada vez pienso: ahora me voy a tomar un tiempo para mí. No mucho. Solo unos minutos. Solo me voy a sentar un momento. Solo respirar hondo, sin organizar nada, sin planificar nada, simplemente estar ahí. Y en algún lugar entre ese pensamiento y la realidad, ocurre. Me vuelvo a despertar.

Acurrucada en el sofá, medio tapada aunque ni siquiera recuerdo haber cogido una manta, la luz todavía encendida, la televisión encendida de fondo con el volumen bajo, y mi móvil tirado en alguna parte debajo de mí, caliente, como si se hubiera rendido de la misma manera que yo. Por un breve instante no sé qué hora es, ni cuánto tiempo he estado durmiendo en realidad.

Y, siendo sincera, a menudo me da un poco de risa. Porque lo he vuelto a conseguir: me he tomado tiempo para mí y me lo he pasado durmiendo. Antes me habría enfadado por eso. Habría pensado que había desperdiciado la noche, me habría propuesto hacerlo mejor mañana, de forma más consciente, más estructurada, intentando exprimir de alguna manera esas pocas horas libres.

Hoy lo veo de otra manera.

Porque este momento, en realidad, no es otra cosa que una señal. Una señal de todo lo que doy, de lo llenos que están mis días y de la naturalidad con la que funciono en piloto automático, sin pensarlo mucho, simplemente porque hay que hacerlo y porque hay alguien ahí que me necesita. Y tal vez también porque durante mucho tiempo no me he puesto a mí misma en lo más alto de mi propia lista de prioridades. Quedarse dormida en el sofá no es un fracaso. No es una sensación de "no he hecho nada". Es mi cuerpo, que coge lo que necesita sin pedirme permiso, simplemente porque sabe que yo probablemente no me lo habría permitido otra vez. Y, ¿sabes qué?

 

A veces, eso es más que suficiente. Sin noches perfectamente planificadas, sin rituales conscientes de autocuidado, sin el pensamiento de tener que hacer algo por mí ahora mismo.

Sino simplemente este momento, en el que todo se calla y por fin me suelto, aunque ni siquiera me dé cuenta de forma consciente. Quizás a ti también te pase. Ese "solo me siento un momento" y, de repente, han pasado dos horas. Y entonces, en algún lugar entre el sueño y la realidad, siento de repente una mano en mi hombro. "Mamá...". Parpadeo. "Mamá, vete a la cama". Ahí está ella delante de mí, un poco fastidiada, un poco preocupada y, de alguna manera, demasiado adulta para este momento.

 

Yo todavía balbuceo que solo quería sentarme un momento. Ella me pone los ojos en blanco, me coloca bien la manta sobre los hombros y me dice, con ese tono que normalmente uso yo, que ya va siendo hora de que me levante.

Y mientras me voy levantando despacio del sofá, un poco arrugada y sin estar ahí del todo, sonrío para mis adentros. Porque algo se acaba de mover ahí, de forma muy silenciosa. Porque la persona a la que cuido todos los días me está sosteniendo a mí en este preciso instante. Sin grandes gestos y sin hacer ruido, simplemente tal como es.

Y en algún lugar de por medio, también me asalta este pensamiento: que tal vez, simplemente, me falte algo.

Quizás vitaminas. Quizás energía. Quizás, simplemente, más espacio para mí misma. Me propongo tantas veces cuidarme más, comer de forma más regular, vivir más conscientemente y darme a mí misma el mismo lugar que le doy a todo lo demás.

And entonces la cosa fracasa por culpa de estas pequeñas cosas.

La cabeza está llena, los pensamientos no paran y la lista de tareas pendientes es más larga que el día.

Y en algún lugar entre el trabajo, la rutina y todo lo que hay que sacar adelante, vuelvo a deslizarme un poco hacia atrás.

Y, a pesar de todo, está bien no hacerlo todo perfecto, no cumplir con cada plan y no llevar a cabo cada propósito. A veces basta con verlo y darse cuenta de que no me olvido de mí misma, aunque no siempre consiga ponerme en primer lugar.

Entonces me voy a la cama, sin remordimientos, sin la sensación de tener que rendir más. Simplemente cansada.

Y tal vez eso sea, a veces, lo más honesto que nos podemos permitir.

bottom of page